Necesitamos necesitar necesidades innecesarias para muchos, pero fundamentales para nosotros mismos. Hay personas que solo con mirarnos nos acarician de la manera mas suave, y con el cariño más grande. Pero no siempre es así. Cuando estas miradas acaban en lo oscuro, en lo mas profundo del olvido, ya no vuelven a ser las mismas. Nunca más. Cuando la costumbre se apodera de ti mismo, y no deja que nada sea cotidiano, ahí, en el fondo de todo, en lo más profundo se encuentra lo incómodo. La mirada ya no tiene suavidad, ya no acaricia, ahora araña, y te hace rabiar. Te duele, pero más que doler, te daña. Que no es lo mismo.
Por ello, es mejor tener los ojos cerrados y respirar, o suspirar. A veces un suspiro acaricia mas que mil miradas.
Y acaricia mucho mas suave, si es con los ojos cerrados.
También hay miradas que lo dicen todo y te dejan sin habla, y son preciosas!
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